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¿Qué puedo hacer para mejorar las relaciones con mi hijo pre-adolescente?

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Hoy os dejamos algunos consejos para que los podaís poner en práctica y mejorar las relaciones con vuestros hijos pre-adolescentes:

Compartir momentos cotidianos:

Buscar conversaciones y actividades que permitan compartir tiempo con el pre-adolescente (si pueden ser integrando al resto de miembros de la familia mucho mejor). Por ejemplo hobbies que el pre-adolescente tenga y usted sepa que le gustan: hacer postres juntos, salir a correr, jugar a algún deporte, hacer excursiones o caminatas, salir a correr, pasear al perro, alquilar películas y verlas juntos, jugar a juegos de la Play Station o X-Box juntos, etc.  Sabemos que muchas de estas actividades pueden ser rechazadas por los pre-adolescentes, ya que obviamente para ello prefieren a sus amigos, no obstante se debe insistir, e incluso autoinvitarse para poder compartir estos momentos con los hijos. Todas las actividades posibles que puedas hacer con ellos son oportunidades para que los hijos hablen sobre lo que les pasa por sus mentes, además, son muy buenas oportunidades para reforzar la confianza y consolidar la empatía con ellos de la que tanto hemos hablado en El Observatorio Educativo,

Sentarse en la mesa para comer con la familia:

Los hábitos sociales han cambiado mucho; con ello la incompatibilidad de horarios familiares para poder hacer almuerzos o cenas todos juntos en la mesa. Muchas veces es difícil poder coincidir todos juntos en la mesa, o se prefiere que los niños coman antes y una vez hayan terminado, empiezan los adultos.

Compartir una comida en familia no sólo implica disfrutar de momentos valiosos, de los que se puedan incluso quedar grabados a fuego en los recuerdos de los menores; sino también la oportunidad de afianzar lazos psicoemocionales que pueda reforzar la confianza con los hijos; y con ello la actitud frente a las nuevas experiencias que les están por venir.

Una buena idea para ello, podría ser establecer como mínimo un día a la semana (que se compatible en horarios con todos los miembros de la familia) para hacer un desayuno, almuerzo o cena todos juntos, sentados a la vez en la mesa. Sabemos que es imposible hacerlo cada día, pero si que podría ser posible un día a la semana. Sea la comida que sea, es recomendable dedicarse sólo en ese momento a la convivencia en familia, con el televisor apagado, y al ser posible evitando coger los móviles a menos que sea más que necesario, evitando usar aplicaciones de mensajería como Whatsapp o Line que podrían alargar conversaciones escritas, limitando el tiempo dedicado a compartir en familia.

Las comidas en familia favorecen la comunicación y fortalece los vínculos afectivos.

Dar las buenas noches antes de irse a la cama:

Crear un momento de tranquilidad justo antes de irse a la cama puede ser muy favorecedor para afianzar vínculos. Para ellos los padres pueden hacer actividades con sus hijos como: leer juntos, hablar de las cosas importantes que han sucedido durante el día, como les ha ido el día en el colegio o instituto (los padres también deberían compartir el como les ha ido a ellos en el trabajo y/o las tareas diarias), comentrar los planes del día siguiente o del fin de semana, compartir un abrazo o un beso, una caricia  mientras se dan las buenas noches, etc.

Todo ellos no sólo favorece los vínculos afectivos y la empatía, sino además refuerza la autoestima y seguridad del pre-adolescente, lo cual será un refuerzo positivo en la autoconstrucción de su propio yo.

Demostrar afecto:

Decir y demostrar afecto a los hijos, siempre es importante, más cuando están empezando a experimentar cambios importantes como es el la preadolescencia y adolescencia, ya que es cuando empiezan a construir su propio yo.

Lo importante a la hora de demostrarlo es evitar hacerlo en público cuando se encuentren presentes sus compañeros o amigos puesto que esto podría intimidarlo y/o diferenciarlo del grupo al que empieza a pertenecer, lo cual también podría ocasionarle algún que otro obstáculo de integración social en grupos.

Cuando se quiera mostrar en público este afecto es conveniente buscar otras formas de hacerlos, como por ejemplo con una sonrisa, guiñando un ojo, una expresión de saludo, etc. Ello podría comunicar un mensaje de cariño sin tener que usar palabras o gestos más abiertos como un abrazo.

Otra alternativa podría ser reconocer en público las habilidades de los hijos, como por ejemplo diciendo cosas como “que bien pinta mi hijo al óleo”, “que facilidad tiene para tocar el timple”, “estuviste impresionante hoy metiendo goles”, etc.

Crear momentos especiales:

Se trata de crear momentos especiales y diferentes en familia. Por ejemplo celebrando el fin del trimestre escolar cuando se han recibido notas altas, o todo aprobado, haber participado en una competición de patinaje o gimnasia rítmica, etc. Todo ello ayudará a reforzar los vínculos familiares.

Hay que tener en cuenta que hablamos de celebraciones pequeñas, tipo cena, almuerzo, con familiares allegados; y siempre evitando hacer regalos.

Permanecer integrado e interesado:

Permanecer integrado implica permanecer más tiempo junto a los hijos, compartir experiencias y aficiones. Sería muy positivo asistir a competiciones, partidos o eventos en los que participen los hijos, siempre que se pueda. Y sobre todo, mostrar siempre interés por como ha ido la exhibición, partido, obra de teatro, etc ; se haya asistido o no.

También se debe mostrar interés y curiosidad acerca de las ideas y pensamientos del hijo; sus sentimientos y experiencias. Ello contribuirá a una mejora comunicativa y a un mayor desarrollo empático con el hijo; y sobre todo a no hacer prejuicios antes de saber toda la información. Ello se traducirá en que los hijos estén más inclinados a compartir con los padres sus experiencias y sentimientos en épocas en las que tengan que afrontar algún obstáculo.

Relaciones con preadolescentes https://elobservatorioeducativo.wordpress.com

Espero que este post haya sido de vuestra ayuda.

Un saludo y hasta mañana!

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Relaciones emocionales con hijos pre-adolescentes

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Hay una etapa en el crecimiento de los hijos en la que llegan a la pre-adolescencia. Una etapa que cada vez es más temprana si la comparamos con la pre-adolescencia de los padres. La sociedad adelanta la pre-adolescencia en función de los cambios y hábitos sociales. Los hijos de hoy adquieren más independencia a edades más tempranas; por lo que mantenerse psicosocialmente cercanos a ellos se empieza a obstaculizar.

En esta etapa de independencia o pre-independencia; los hijos empiezan a vincularse más a sus amigos, su entorno social no familiar, sus actividades extraescolares o de ocio, y sus propios constructos emocionales.

No obstante, esta etapa de los hijos es idónea y “muy recomendable” para afianzar los lazos de confianza y empatía de los que ya hemos hablado en post anteriores, puesto que de ello va a depender en gran medida las soluciones que se puedan generar cuando se puedan presentar obstáculos a medida que van llegando a la madurez adulta. Esta conexión proporcionará seguridad a los hijos en los posibles altibajos que se le puedan presentar durante su desarrollo.

 

¿Qué puedo esperar de mi hijo pre-adolescente?

Los pre-adolescentes suelen ser hijos y/o alumnos que actúan según los propios constructos psicosociales que están empezando a construir en función de su experiencia social; es por ello que muchas veces actúan como si los esfuerzos de sus padres por guiarles no fueran bien o nada aceptados.

En esta etapa del crecimiento, los niños empiezan a confiar más en compañeros y amigos; y empiezan a solicitar su espacio de intimidad y privacidad, por lo que no es de extrañar que ya no dejen la puerta abierta de sus cuartos, y exijan a los padres que llamen antes de pasar.

Es en esta etapa donde los padres deberían empezar a interesarse más en profundidad en el Control Parental, ¿recordais la semana temática que hemos hecho sobre el Control Parental? Pues no estaría mal que empezarais a recordarla ahora. En nuestro blog en la columna de la derecha tenemos una categoría llamada “Control Parental”, donde podrás obtener más información.

Hay que tener en cuenta que estos cambios en la pre-adolescencia son un comienzo de la adolescencia, por lo cual los padres o profesores no deben tomárselo como algo personal hacia ellos. Son sólo llamamientos de la necesidad de independencia; y habrá que “ceder un poco en cuanto a vínculos emocionales” se refiere, pero sin perder el vínculo completamente.

Lo mejor en esta etapa es “predicar con el ejemplo”, comunicación respetuosa, desarrollar la empatía, cumplimiento de responsabilidades y sobre todo cumpliendo la palabra.

Esta semana os daremos consejos sobre que cosas hacer para mejorar las relaciones con los pre-adolescentes.

Un saludo y hasta mañana!

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